Saber gestionar la participación de un aula, auditorio o público en general, es una habilidad necesaria para los oradores y entrenadores profesionales. Como es obvio, esperamos ser escuchados con respeto y tener el compromiso completo del auditorio. Sin embargo, este no es siempre el caso. Lo mejor es estar preparado para aquellos participantes de la audiencia que podrían tender a ser “difíciles”. Aquí debes contar con un arsenal de herramientas para extinguir cualquier comportamiento, por desagradable que sea.
El aprendizaje es una experiencia social, e investigaciones recientes revelan que más del 75% de todos los estudiantes prefieren aprender en grupo. Cuando de oratoria se trata, el aprendizaje activo en grupos es la mejor estrategia que puedes usar para mantener el control de cualquier situación. Desarrollar una serie de dinámicas sociales o grupales pueden ser muy impredecibles para el auditorio y te sirven de apoyo para neutralizar personalidades que probablemente se encuentran en éste:
- El mayor de edad.
- El escéptico.
- El que llega tarde.
- El preocupado.
- El sabelotodo.
- El durmiente.
Existen estrategias sencillas para contrarrestar todas estas personalidades, y utilizarlos en beneficio de tu auditorio, pero aún más importante, de ti como orador.
Un mito que muchos creen que es cierto, es que nunca debes implicar a los estudiantes en el proceso de enseñanza o impedir que hablen entre sí dado que esto te hace perder el control del auditorio. Este es un mito muy común en colegios, universidades, diplomados etc; es una forma orientada al discurso, no al participante. Cuando tu adoptas una técnica de entrenamiento orientada en el participante, como por ejemplo trabajos con grupos o parejas cada 30 minutos como máximo, los estudiantes están tan ocupados en clase que hay poca oportunidad para la interrupción. Esa es su primera táctica para tratar con participantes difíciles: crear los cambios de estado.
Al ser un entrenador u orador que emplea técnicas orientadas al participante o estudiante, maximizarás la participación de cada uno y te ayudará a reducir significativamente el comportamiento de los participantes “difíciles”. Al mismo tiempo, ayudas a aumentar el autoestima de los participantes y la retención de la información.
Por otro lado, los grupos pequeños también pueden manejar el “mal comportamiento” de algunos individuos a través de la presión de grupo. Recuerda que si trabajas el CONTEXTO de forma apropiada, podrás acceder a más del 96% de tu auditorio y ellos te ayudarán a que el 4% restante sea absorbido de forma natural.
Para conocer más técnicas, estrategias y habilidades como orador y/o entrenador, revisa la información de la Certificación Entrenador Elite.